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La Aventura de mi vida: de Oruga a Mariposa

Me acuerdo cuando iba en kínder que me preguntaron ¿qué quieres ser cuando seas grande? Y sin pensarlo, contesté miss y mamá. Más tarde, pasaron los años y cuando iba en secundaria, me invitaron con algunas compañeras, a una conferencia “para los líderes del futuro”. El ponente platicaba sobre la importancia de ser apasionado y dedicado en la carrera que eligieras y la importancia de soñar con servir a tu país y a la humanidad. Al final de su ponencia, nos preguntó la misma pregunta que me habían preguntado 10 años atrás, pero con una adición: ¿Qué quieres ser cuando seas grande, que tenga un impacto positivo en el mundo? Yo levanté mi mano, después de algunos que habían contestado astronauta, presidente y cosas por el estilo y con seguridad contesté: quiero ser una gran mamá, porque creo que las mamás tienen mucho impacto en la calidad de humanos que forman. Y él con la misma seguridad me contestó: ok si, quieres ser mamá, peeero ¿qué mas? Sueña mas alto. Y en ese instante una semilla de duda se sembró en mi corazón.

Con el paso de los años, empecé a pensar qué quería hacer cuando fuera más grande, soñaba mucho en como sería mi vida, y cuando llegó el momento de escoger mi carrera profesional, después de analizar las opciones (con ayuda de adultos cercanos – mis papás y algunos profesores) escogí Recursos Humanos. Lo disfruté, era buena, terminé #1 de mi clase y me contrató una firma líder de Head Hunters. Lo estaba disfrutando, pero al año renuncié porque me fui a vivir fuera cuando me casé con Gerardo.

Conocí a Gerardo cuando tenía 20 años, nos enamoramos rápido, era algo que llevaba soñando hace tiempo y rezando para que se hiciera realidad. El conocer a alguien que sintonizara con mi alma.

Después de casarnos, nos mudamos a Philadelphia, yo tenía 24 años, disfruté muchísimo de dos años sabáticos conociendo gente de todo el mundo, cocinando, pintando, caminando sin parar… pasaba mucho tiempo sola. Constantemente me preguntaba ¿qué quieres hacer después? ¿en qué te quieres convertir? Tenía tantas ideas que frecuentemente me perdía en mis pensamientos, la única cosa de la que estaba segura era de que quería hacer algo especial, algo que tuviera impacto.

En 2010 nos mudamos a NY, después de 2 años de no estudiar ni trabajar, me moría de ganas de hacer algo “productivo”, así que como tenía muchas ganas de ser miss, me metí a estudiar una maestría para ser miss de Inglés, sabiendo que con el certificado que me dieran, podía dar clases en una escuela en México. Me gradué justo cuando nació Andrés, nuestro primer hijo.

Durante mi embarazo, que por suerte me sentí bien, y pude disfrutar, empecé a tener pensamientos sobre mi crianza, la manera en la mi mamá y papá eran conmigo, con mis hermanas, y empecé a notar que cada uno tenemos diferente relación con nuestros padres un tema que cada vez llamaba más mi atención, sobretodo sabiendo que iba a ser mamá.

Cuando Andrés tenia apenas unas semanas, conocí a una señora en el parque con una bebita de la misma edad y me platicó sobre ECDC: un grupo de clases a las que ella iba con otras mamás con recién nacidos, en donde recibían consejos sobre cómo manejar la experiencia de “ser mamá por primera vez”, todo basado en el desarrollo neurológico del bebé y teniendo como prioridad el bienestar de la mamá. Me insistió que debería probarlo, así que hablé, fui a probarlo y me inscribí. Al principio no estaba segura si me gustaba ir o no, pero ya que pasaron algunas semanas, me di cuenta de que compartir mi experiencia y mis sentimientos de ser mamá primeriza era súper enriquecedor y la información que me daban era útil y me daba seguridad. Me gustó tanto que me capacité para ser monitora de ECDC y me inscribí en un programa sobre Child Development en NYU, justo cuando sentía que ya estaba encaminada, a Gerardo le ofrecieron un trabajo en México, así que nos regresamos, yo ya estaba embarazada de Diego, mi segundo hijo.

Llegando a México yo tenía muchísimas ganas de trabajar, así que con una súper amiga empecé un negocio de Head Hunter, estábamos muy motivadas y trabajamos duro para crear la marca y empezar a conseguir a nuestros primeros clientes. Tuvimos la empresa por 3 años.

A finales del 2016 nació Pablo. Para estas alturas Andrés ya tenía 5 años, y me estaba costando mucho trabajo la interacción con él: le costaba mucho trabajo regular sus emociones, así que cada vez que las cosas no salían como el quería se enojaba mucho, esto me estaba consumiendo. Tenía 3 hijos, un esposo y un negocio, estaba ¡agotada! Empecé a buscar cursos que me pudieran ayudar, entre ellos tomé los cursos de Neufeld: el poder de la paternidad. Me ayudaron mucho, aprendí que lo primero que tenía que cuidar era: mi relación con mis hijos, ósea, el vínculo.

.En otoño del 2017 Dr. Shefali –experta en paternidad- vino a México a dar una conferencia, empecé a ver sus video y leer sus libros, estaba fascinada su teoría sobre la paternidad: en ves de ver los problemas de tus hijos y tratar de arreglarlos, ve al niño como un espejo de tus propias emociones, aceptándote tal cual eres, y de esa manera será mucho más fácil aceptar a tus hijos tal cual son y poder ser su guía.

Me inscribí en el curso de Shefali: “The Year of Manifesation”, aquí a través de trabajo interior y meditaciones me di cuenta de muchas cosas de las que no estaba consciente, descubrí que las decisiones muchas veces las tomaba desde mi ego, por querer ser o hacer lo yo que yo pensaba que el mundo esperaba de mi. Así empecé a reconocer mi niño interior, el ego y empecé a trabajar duro para descifrar e identificar mi propósito de vida.

El primer descubrimiento fué darme cuenta que el trabajo de head-hunter que estaba haciendo, era para satisfacer mi ego, para no “ser solo mamá” ante los ojos del mundo, pero no era algo que estaba nutriendo mi alma. Hacía sentido dejarlo y buscar algo más.

2019 fue un año de ir muy profundo hacia mi interior, usé varios recursos como guía en mi camino, incluyendo: la serie de Podcast de Oprah con Echart Tolle sobre su libro Una Nueva Tierra (se las SUPER recomiendo, es parte de la serie de Podcast de Super Soul Sundays), los libros: Your Path made Clear, de Oprah, Becoming de Michelle Obama, The Conscious Parent y The Awakened Family de Shefali Tsbari, tome cursos sobre el Eneagrama y empecé a meditar. Fue un año con retos personales y familiares (gracias a Dios todos con un final positivo) pero gasté mucha de mi energía en ellos, que de por sí estaba escasa de tanto trabajo interior que estaba haciendo. A finales de 2019 me sentía desconectada de mi, era como si me viera desde fuera y no me reconociera. La noche de Año Nuevo, sentí una energía dentro de mi muy particular, como si algo estuviera cambiando. Mi energía empezaba a cambiar hacia un sentimiento de mucha gratitud, estaba entrando a lo más profundo de mi corazón.

Me acuerdo en algún Podcast haber escuchado a Oprah decir que ella siempre había soñado con ser maestra, y que un día había caído en la cuenta de que su programa era el “salón de clases” más grande del mundo. Eso me abrió los ojos a la posibilidad de cumplir mi sueño de ser maestra fuera de un salón de clases.

Para ese entonces Andrés tenía 7 años y me sentía súper desconectada de él. Hablando con mi esposo me sugirió que buscáramos ayuda de un profesional que nos guiara y nos abriera los ojos, si es que había algo en lo que debíamos de trabajar en particular. Después de un par de meses de trabajo la conclusión fue: le estaba costando mucho reconocer y manejar sus emociones. Nos aconsejó estar más abiertos nosotros como adultos a sentir y mostrarle que nosotros también sentimos emociones de todos los colores.

En marzo del 2020 una amiga me invitó a un taller de 6 sesiones de Arte-terapia. En la primera sesión nos pidió que nos dibujáramos a nosotros mismos en el momento en el que nos encontrábamos relacionándonos con algún elemento. Yo me dibujé como un capullo, pude ver cómo durante los últimos meses había estado inmersa en un proceso de transformación esperando como resultado evolucionar hacia una mejor versión, como la oruga que se transforma en mariposa. En la segunda sesión pude ver las cosas con mucha claridad. Extrañaba a “mi viejo yo”, mi verdadero yo que se había distraído, tratando de convertirse en alguien para alimentar mi ego y para tener la aprobación de los demás. Ese fue mi “AHA moment” (como Oprah lo llamaría). Así pude ver muy claro: que siempre he amado ayudar a las personas, compartir mi conocimiento y experiencias y tener empatía por lo que atraviesan las personas.

Después llegó el COVID-19, como parte del adaptarme a la nueva realidad y controlar mi ansiedad, hice la serie de meditaciones de Deepak Chopra: la manifestación de la abundancia y al mismo tiempo me inscribí en el curso de Shefali Tsbari: The Conscious Parent Mastery, me sirvió muchísimo para conectar con mis hijos, nuestra relación empezó a cambiar al usar herramientas como la pausa y usar mi respiración cuando me altero. Me sirvió mucho tomar el curso al empezar la pandemia y me confirmó que compartir información para que más papás y mamás puedan experimentar el cambio de sentirse desconectados con sus hijos a tener una relación basada en el respeto y la confianza que como resultado logras conectar con tus hijos era mi misión, mi llamado, mi pasión.

En el curso aprendí sobre el falso ser o el ego, que es la capa que creamos como niños, como reacción inconsciente a lo que nos lastima,, para pretender que somos algo distinto a lo que en realidad somos, Después de este trayecto recorrido, pude romper con esa capa, estoy logrando romper el capullo para liberar a la mariposa con la que siempre he soñado ser: Mamá y Maestra (y ¿Por qué no, una maestra para mamás. y Papás). Así nace Capuyo, como una oportunidad que ofrece recursos para los padres que quieren conectar con sus hijos.

En Capuyo ofrezco herramientas para que re-conectes contigo, que redescubras tu esencia, para que después de conectar contigo, puedas conectar con tus más cercanos.

Me certifiqué como Coach en Crianza Consciente en el JAI Institute, un centro en Estados Unidos con más de 10 años de experiencia formando Coaches comprometidos con la Crianza Pacífica.


A través del trabajo realizado con la metodología de JAI, pude descubrir qué creencias sobre mi misma (desde mi inconsciente) me estaban haciendo sobe-reaccionar. Y aquí es donde pude lograr el cambio muy profundo, y logré reconocer los pensamientos sobre mí que me no me servían. Ha sido un viaje mágico y empoderador, que ofrezco en mis sesiones de Coaching.

¡Me apasiona compartir contigo, para que puedas encontrarte con quien SI eres y puedas liberar todo lo que te está estorbando para convertirte en tu mejor versión!

Gracias por leerme. María

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